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Escuela, ¿pública o privada?

Mucho ha cambiado el sistema escolar con respecto a lo que a mi generación le tocó vivir; para empezar, la gran mayoría fuimos educados en el sistema público.

Desde mi educación primaria, pasando por la secundaria y preparatoria hasta la universidad, todas fueron del sector público, que tenía cabida para todos.

La educación otorgada por estas instituciones era de muy buena calidad, aun cuando los grupos eran varios y numerosos.

Ser docente implicaba un gran reto y requería prácticamente de un apostolado por parte del profesor, quien hasta fines del siglo XX, era un profesional respetable.

Ya entrados en este siglo, las cosas han cambiado considerablemente.

El número de escuelas públicas ya no es suficiente ni en cantidad ni en calidad como en antaño, se ha deteriorado el papel y la figura del profesor y en general la calidad otorgada se ha visto mermada.

Podemos encontrar datos que exponen que en 1990, alrededor del 18% del total de la matrícula nacional se ubicaba en planteles particulares, esto indica que más del 80% se encontraba en el sector público.

Ya para el 2004, la proporción cambió considerablemente; el sector privado rebasó el 30% y, al parecer, puede crecer más en los próximos años.

escuelas-1En mi caso, como te mencioné, me eduqué en el sector público y salí muy bien preparado, incluso con un título universitario en una de las universidades de mayor prestigio en México, como es la UNAM.

Esto me llevaría, por lo tanto, ahora como padre, a que mis hijos tomaran la misma ruta y sin embargo, no es así.

Y esto, ¿por qué sucede?

Principalmente por los contrastes. Las opciones en el mercado de la educación particular varían desde escuelas que ofrecen métodos específicos y técnicas educativas innovadoras que prometen potenciar el aprendizaje de los alumnos, el acceso a la tecnología como lo es un centro de cómputo, hasta la educación bilingüe.

También podemos ver las diferencias en cuanto al cuidado que las instituciones brindan en la seguridad e integridad de los niños, el estado de las instalaciones físicas, los muebles escolares a disposición de los niños y profesores y, por supuesto, el nivel de preparación de los profesores.

Y observamos que la escuela pública sufre un decaimiento en su calidad, especialmente a nivel de enseñanza. Por lo que si nuestra economía nos lo permite, optamos por una educación privada como la mejor opción para nuestros hijos.

Es lamentable escuchar, por ejemplo, que para la SEP una escuela de calidad es si tiene pisos, ventanas con vidrios y servicios básicos de agua.

Mientras que para las escuelas privadas, su valoración consiste en ofrecer clases todos los días, donde los profesores cumplan con el programa escolar marcado y donde los alumnos trabajen efectivamente con el objetivo de aprender dentro del salón de clases.

Obviamente, a nuestro sistema escolar, sea privado o público, aún le falta mucho por mejorar. Podemos encontrar casos de éxito como los finlandeses, quienes aplican metodologías muy diferentes a la nuestra y han demostrado que la educación puede mejorar.